Cuando un proyecto nace, persigue una meta. Cuando un sueño se cumple, abraza también una necesidad: descubrir qué nos mueve, a dónde queremos llegar, qué legado queremos dejar.
Al comprar los primeros pisos en Torremolinos, no pude obviar la motivación racional de trazar una estrategia de posicionamiento en el sector inmobiliario. Pero también me movía algo más cercano y personal: ayudar a mis padres, devolverles aquello que un día me permitió emprender y construir un legado en valores.
Mientras daba aquellos primeros pasos, la vida me asestó una estocada difícil de superar.
La incertidumbre de sentir que no había completado mi propósito, de no haber cumplido como hijo, me sumió en una oscuridad que durante seis meses, confinamiento incluido, me llevó a un único aprendizaje.
Lo que sí podía hacer, sin dejar jamás de lado su legado, era intentar beneficiar a otras personas. Al hacerlo, estaría agradeciendo y dando valor a todo lo que un día me fue dado.
Muchos colectivos y personas se encuentran en situaciones de vulnerabilidad y marginación que les impiden vivir sin temor, desde el respeto a los principios más básicos de la dignidad humana. Como parte del colectivo LGBTIQ+ al que pertenezco, y ante las situaciones de discriminación a las que se enfrentan jóvenes que sufren maltrato y rechazo en colegios, o no encuentran aceptación en el ámbito familiar, desde SteraM quise agradecer lo afortunado que fui al contar con unos padres que me aceptaron tal cual soy.
Por ello, pongo a disposición de entidades y organizaciones que trabajan activamente en la defensa de los derechos humanos del colectivo LGBTIQ+ un porcentaje de los beneficios anuales resultado de la actividad económica de SteraM Flats.
Desde el compromiso con la diversidad nace SteraM, un proyecto del cual Stella y Mario, mis padres, estarían muy orgullosos. Desde aquí abrazamos el compromiso, no solo de transacciones inmobiliarias seguras, sino también de hogares que promuevan el desarrollo personal, la libertad de ser, de amar y de vivir sin miedos.
